Iglesia Católica A. Romana Nuestra Señora de La Merced
Merlo, PBsAs, Argentina

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El origen de la ciudad se remonta al pueblo fundado por Francisco de Merlo en 1755. En 1740 la región sufrió la incursión de un malón y este acontecimiento motivó a Merlo comprar un cañón y otras armas para defender su estancia del ataque de los aborígenes. Los colonos, dispersos por todo el territorio, buscaron refugio estableciéndose en las cercanías del casco de estancia y considerando el caserío que se había formado en su derredor, Merlo peticionó al rey de España su autorización para fundar un pueblo. Luego de ser otorgada la autorización, el 28 de agosto de 1755, Francisco de Merlo funda la Villa de San Antonio del Camino. El pueblo de Merlo renació en 1859 gracias al esfuerzo del empresario y político Juan Dillon. Aunque contaba con más de un siglo de antigüedad, la villa de Merlo jamás había progresado. La circunstancia de hallarse de la jurisdicción del partido de Morón fue una de las causas que detuvo su crecimiento. Los vecinos de aquel alicaído poblado sabían que no podían esperar mucho de las autoridades municipales, que residían en la pujante villa de Morón y sólo ponían atención en el progreso del pueblo cabecera. En noviembre de 1858, el prefecto Juan Dillon, propietario de terrenos en las cercanías, fundó la Comisión de Fomento del Pueblo de Merlo, que integró junto con los vecinos Manuel Rodríguez, Henry Smith y Fernando Pearson. odo hacía esperar (y de hecho, ese parece haber sido el primer plan de William Bragge, el ingeniero del Ferrocarril del Oeste que dirigía las obras) que el ramal correría en forma más o menos paralela al camino de Gaona y buscarían el mismo vado que cruzaba éste sobre el arroyo Morón. Al hacerlo, sería necesario construir un nuevo puente que hiciera pie en la propiedad del francés. Pero en febrero de 1857, cuando comenzó la exploración del terreno para prolongar la línea hasta Morón, Juan Dillon, el juez de paz del partido, convenció a Bragge que tendiera las vías más cerca del pueblo, evitando las tierras de La Roche, que eran las más bajas de la zona. En ellas se producía el desagüe natural de los terrenos circundantes y si la empresa se decidía a afrontar el relleno de los desniveles, habría un aumento en los costos. El periódico El Nacional comentó el episodio: “El Sr. Dillon, juez de paz de Morón, a más de prestarles cuantos auxilios y conocimientos le permitía su posición, lo ha acompañado dos días consecutivamente en sus exploraciones, indicando él mismo al ingeniero una modificación de la línea, que evita cerca de Morón, aproximándola más al pueblo, una bajada y una subida onerosas, por los trabajos de nivelación que requieren”. Dillon era hijo de Manuela Calderón y Aguado, propietaria de una estancia de 1739 hectáreas que circundaba el pueblo por sus cuatro costados. Las tierras eran de escaso valor y Dillon tenía un obvio interés en fomentar el crecimiento de este pequeño poblado rural para sacar rédito de la venta de solares y a diferencia de lo que sucedía en Morón — al que La Roche quiso dársele un semblante señorial y exclusivista — Dillon ofrecía lotes a precios accesibles, lo que permitiría que se asentaran en él familias de todos los estratos sociales. Manuela Calderón y sus hijos Juan Dillon y Fernando Pearson hicieron entrega –en este caso gratuita– de los terrenos que se necesitaban para establecer la estación y dos plazas públicas. El móvil de esta donación era valorizar los lotes que pretendían subastar, como lo expresa con toda claridad la escrituración a favor del Ferrocarril del Oeste: hacían la cesión «sin otro objeto que el de aumentar el valor de los que se reservaba». Se impuso en Merlo el mismo modelo de tres plazas que se repetiría en Morón y en Moreno: una institucional cercana a los edificios cívico-religiosos, otra inmediata a la estación, para que se concentraran allí pasajeros y coches de alquiler, y una tercera, más espaciosa, para carga y descarga de frutos. Para mediados de 1862, el pueblo de Merlo había comenzado a cambiar su fisonomía. Tras haberse amojonado y ampliado su traza, se habían repartido solares en su casco antiguo y comenzaron a edificarse viviendas. Asimismo, se obligó a quienes poseían lotes baldíos a que los poblasen y cercasen. También se abrió una escuela mixta, cuyo elegante edificio debió mucho a las donaciones de Dillon. Para aquel entonces, sólo concurrían a ella veinte niños, pero la Comisión de Fomento atribuía la escasa matriculación a la severidad de aquel invierno. Finalmente, se levantó una nueva iglesia, que reemplazó a la ruinosa capilla anterior, construida en el siglo XVIII. En 1870, tras la muerte de su madre, Dillon dejó el negocio inmobiliario en manos de sus hermanastros, Fernando, Tomás e Isaac Pearson. El primero recibió catorce manzanas en el pueblo, además de otros terrenos junto a la estación de ferrocarril, mientras que a los otros dos se les entregaron fracciones menores. Siendo Juez de Paz del Partido de Morón, al que pertenecía el pueblo de Merlo, Dillon convenció a la empresa ferroviaria para que no siguiera el trazado del antiguo Camino de los Gaona sino el viejo Camino Real del Oeste. Dillon se solicita autorización al ministro Bartolomé Mitre: ... llama la atención tanta pobreza en medio de tanta belleza, en Capilla de Merlo no existe más que la ruina de un templo. El terreno es elevado y fértil... Luego agrega: El pueblo de Merlo, si tal puede llamarse a una aglomeración irregular de chozas no puede regularizarse sin la ayuda de un agrimensor... El trabajo que tiene que ejecutar en Merlo es de poca consideración, pues bastará la traza de trece manzanas en contorno de la iglesia que va a construirse... En 1859, ante la inminente llegada del ferrocarril a la región, le fue comisionado al afamado arquitecto Pedro Benoit, la traza del nuevo pueblo de Merlo de 1,7 km², en el mismo lugar en que se erguía Villa de San Antonio del Camino. Desde la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, edificada por el arquitecto español Antonio Ayerbe en el mismo lugar en donde se levantaba la capilla de Francisco de Merlo, partía la Avenida 25 de Mayo que conectaría al pueblo con la planeada estación de ferrocarril. Ésta fue edificada más al oeste del lugar proyectado, lo que obligó a trazar un nuevo camino, perpendicular a la anterior avenida, el que fue bautizado como Avenida Ituzaingó, la actual Avenida del Libertador San Martín. Alrededor de la estación de ferrocarril, edificada a un kilómetro del pueblo, creció un pequeño asentamiento, y los dos pueblos comenzaron a fusionarse en lo que hoy es el distrito de Merlo Centro, cabecera de la ciudad y del partido. Los hermanos Mulhall hacen una descripción del pueblo de Merlo en la década de 1860 Merlo es un insignificante caserío habitado por unos pocos cientos de personas, un Juez de Paz, Municipalidad, colegios públicos, y una capilla gótica. El anterior Juez de Paz fue Don Juan Dillon, un caballero de ascendencia irlandesa y hasta hace poco había un cura irlandés, el reverendo J. P. Dillon, ahora Profesor Diocesano de Teología. Allí hay 18 casas residenciales. La construida por el Sr. Boyd es una magnífica casa de campo, y entre los residentes extranjeros se hallan los señores John Maclean, Blumstein, y Richmond. Existe un gran molino harinero en las proximidades del pueblo, perteneciente a los Sres. Blumstein y La Roche. El ramal del ferrocarril a Lobos comenzará en Merlo. Juez de Paz Don Antonio Juarez, Jefe de Correo Don Juan Dillon, seis miembros de la Municipalidad, ingresos monetarios de la Municipalida $ 250.000. En las escuelas públicas concurren 40 niños y 43 niñas. En otra parte del libro agregan: El pueblo de Merlo es un lugar en donde las casas se encuentran desparramadas, con escasa población y una pequeña iglesia gótica. La escuela pública está a mitad de camino entre la estación y el pueblo, y cerca de allí se encuentra una casa de estilo inglés, que fuera de propiedad del Sr. Boyd. Muchas de las casas están en ruinas, y las puertas todavía pintadas de rojo, un recuerdo de los tiempos de Rosas. Juan Dillon se instala en una chacra en las afueras del pueblo, en los fondos de lo que hoy es la iglesia de San Antonio de Padua. El 11 de diciembre de 1859 se inaugura la Estación Merlo. Hacia 1870 en las cercanías de Merlo se encontraban dos molinos harineros; el primero era el de propiedad del francés Davout y que aún se mantiene en pie en la vecina localidad de Paso del Rey. El otro molino era de propiedad de Podestá y se encontraba en la desembocadura del arroyo Torres en el Río Reconquista. Podestá construyó un tajamar o dique para que funcionara el molino, formándose así un pequeño lago artificial que dió nombre al lugar: Lago del Bosque. En el año 1894, la comunidad italiana en Merlo, que había reemplazado a la comunidad irlandesa en número e importancia, funda la Societa Italiana XX Settembre, organización comunitaria que se constituyó para defender los intereses de los italianos en la región. Años después, la Societa Italiana construye un palacete de estilo neocolonial en donde funcionaría el primer cine de Merlo cuando llega la electricidad al pueblo en 1921.
Juan Dillon y Calderón
Patrick Joseph Dillon
Propietarios en 1850

Fuente: http://www.taringa.net/posts/turismo/5540427/Merlo-Mi-Ciudad-Querida.html

Libros Parroquiales/Parish Registers
Libro de Bautismos/Baptims

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